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Día Europeo de Protección de datos: el difícil y largo camino de todos hacia la privacidad

El 28 de enero se conmemora el Día Europeo de Protección de Datos. El objetivo detrás de esta celebración es promover el conocimiento entre los ciudadanos acerca de cuáles son sus derechos y responsabilidades en materia de privacidad digital. Esta jornada está impulsada por la Comisión Europea, el Consejo de Europa y las autoridades de Protección de Datos de los estados miembros de la Unión Europea, y es un día grande en Orange por la parte que le toca.

Este año, el 25 de mayo entra en vigor el nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), norma que sustituye a la actual Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD). Y es a nivel europeo, al menos dentro de la UE. Por eso, la expectación respecto al tema de la ciberseguridad y la privacidad de los datos es máxima, tanto entre las empresas como entre los particulares.

En palabras de Maite Arcos, especialista en digitalización y relaciones institucionales en Orange, en el Día Europeo de la Privacidad, “debemos celebrar que la línea emprendida por las autoridades europeas respecto a la protección de los datos parece haber asumido un firme compromiso con la creación de un marco global y coherente que otorgue seguridad jurídica y permita conciliar la explotación de todo el potencial social y económico de los datos, con la garantía de una protección adecuada”.

 

Protección de datos para todos, pero sobre todo para los más pequeños

Vista la preocupación existente por proteger la privacidad de los niños en Internet, este ha sido uno de los aspectos en el que los reguladores han hecho más hincapié.

Así, entre las novedades normativas, el GPDR obliga a que, en caso de cesión de algún tipo de información relativa a este grupo poblacional, los responsables del sitio pongan en marcha los medios y procedimientos necesarios (teniendo en cuenta la tecnología disponible) para verificar que, efectivamente, son los padres o tutores los que dan el consentimiento de alta y uso de un servicio web.

Además, es de resaltar que se contemplen en la agenda de las autoridades competentes actividades de formación y sensibilización dirigidas a niños y adolescentes. También se reconoce la figura de operadores, padres y educadores como piezas clave en este proceso de interiorización de derechos y deberes desde la escuela, y es aquí donde Orange destaca predicando con el ejemplo.

No obstante, siempre es necesario conocer una serie de nociones básicas en aras de preservar los intereses digitales de los niños, y de los no tan niños:

 

Solo sé que no sé… protegerme suficientemente

La protección siempre empieza por uno mismo, el usuario. Por eso, si el acceso a los dispositivos móviles y a Internet se produce cada vez a edades más tempranas, los más pequeños deben adquirir habilidades y hábitos encaminados a ser cautelosos con los contenidos que visitan y con los posibles datos que puedan estar cediendo. Tienen que entender que el móvil, la tablet o el ordenador no son juguetes. Para ello, conviene enseñarles a usarlos con moderación, potenciando su vertiente más funcional y pedagógica.

 

Momento más delicado: facilitar información indebida… a extraños

Como en la vida real, se les debe inculcar que nunca hay que fiarse de desconocidos (y a veces incluso de los conocidos) y menos si insisten en contactar fuera de la Red o facilitar datos particulares. Las redes sociales y las aplicaciones son un peligro potencial. Algunos expertos en psicología pediátrica recomiendan educar en especial sobre prácticas como el sexting, el grooming o el ciberbulling mejor que intentar ocultarlas como si no existeran.

 

Con las redes sociales: información, límites y vigilancia

Actualmente, los menores de 14 años no pueden acceder a las redes sociales si no cuentan con consentimiento paterno. Sin embargo, las utilizan, con o sin éste. Según las estadísticas, los niños comienzan a crearse perfiles sociales incluso antes de los diez años. En este contexto, la solución no será prohibirles su acceso a Internet, sino comenzar a informarles y advertirles lo antes posible sobre la importancia de usarlas con sentido común, protegiendo su identidad y con la condición de una supervisión periódica para asegurar de que la configuración de la privacidad es la adecuada y de que no están expuestos a otros peligros.

 

Políticas de privacidad por defecto, ¿no hay más remedio?

Con el nuevo GPDR en vigor, se procederá a una renovación de las políticas de privacidad de miles de páginas web, apps y servicios comunes, redes sociales, navegadores, sistemas operativos móviles. Es imposible leerse todas las políticas de privacidad, pero llegará el momento de dar un consentimiento al tratamiento y cesión a terceros de información personal, datos de contacto, de navegación, de posicionamiento, de acceso a la libreta de direcciones, cookies, etc. Es la oportunidad de actualizar y fijarse en esos pequeños recuadros que preseleccionados cosen luego a spam y publicidad “no solicitada”. Es recomendable pensárselo al menos una vez antes de dar a un consentimiento en bloque.

 

La descarga de apps poco fiables son el principal vector de ataque

Las aplicaciones online para el móvil son, dentro de las posibilidades que ofrece Internet, lo que más utilizan los niños: juegos, vídeos, redes sociales; después hay un conjunto de herramientas de difícil catalogación como linternas, brújulas, espejos… Por este motivo, conviene comprobar antes su “reputación”. Algunas de ellas pueden abrir la puerta a ciberdelincuentes, suponer la suscripción a un servicio premium o devenir en un control de ubicación, documentos o información personal.

 

¿Cuál es la edad legal, digitalmente entendida?

Aunque la norma europea habla de que el consentimiento personal solo será válido a partir de los 16 años, otorga total libertad a los estados miembros para establecer una edad inferior que esté por encima, eso sí, de los 13 años. Actualmente, el sistema normativo español fija los 14 años, por lo que el anteproyecto de la nueva ley nacional, impulsada para adaptarse al reglamento comunitario, lo va a rebajar a los 13 años (repetimos, con el consentimiento de los padres o tutores).

¿Y qué pasa hasta los 18 años?

Aunque la normativa hable en cuanto a consentimiento de menores de 13 o 14 años, no hay que olvidarse de ese grupo entre 16 y 18 años que, aunque tiene más autonomía, tampoco cuenta con la mayoría de edad. Son, precisamente, los adolescentes los más expuestos en este ámbito, sobre todo en lo que respecta a las redes sociales y a participar en actos delictivos (reenvío de imágenes comprometidas robadas, comentarios impropios que inciten al odio…).

Aquí también habrá que concienciarles de que hay que defender la información personal, que solo añadan a gente conocida a sus listas de amigos, que no divulguen sus contraseñas, que publiquen fotos adecuadas y, sobre todo, que sean conscientes de que Internet no olvida, y casi todo permanece y el pasado puede volver a aflorar en el momento más inoportuno.