‘El juego del calamar’ abre el debate: ¿estamos descuidando la relación de los niños con la tecnología?

Consejos y trucos

Ha sido la gran revelación de la temporada. ‘El juego del calamar’, de Netflix, suma ya más de 12 millones de espectadores solo en España, según datos de la consultora Netquest. A escala mundial, son ya más de 142 millones de personas. Con una trama trepidante y un marcado mensaje de fondo, esta serie ha conseguido estar en boca de todos, incluso de los más pequeños.

Netflix ha clasificado esta ficción como un contenido para mayores de 18 años. Algo que no ha evitado que calara entre los niños. Quienes tengan hijos o sobrinos sabrán que, durante unas semanas, no se hablaba de otra cosa en los colegios. Casi todos los pequeños pedían verla. Y algunos, a pesar de las advertencias de la plataforma, han llegado a hacerlo. 

Esto no hace más que abrir el debate, otra vez, del tipo de contenidos a los que están expuestos los niños en internet. La labor como adultos pasa por protegerlos también en esta esfera de su vida y conseguir que hagan un uso Love de la tecnología.

‘El juego del calamar’, una serie violenta que no es para menores

Son varios los indicadores a los que se deberían aferrar los padres para evitar que sus hijos vean ficciones así. Por ejemplo, Common Sense Media, una guía de recomendaciones independientes para familias, califica su violencia como “muy intensa”.

Esto ha derivado en que muchos colegios hayan emitido circulares a las familias para pedir que los menores no vean esta serie en casa. Un ejemplo de las consecuencias es el sucedido en un colegio de Sevilla, donde los niños representaban ‘El juego del calamar’ sustituyendo las balas por patadas.

Como estos, hay muchísimos más ejemplos, pero en todos ellos la conclusión es la misma: ‘El juego del calamar’ no es una serie para niños y, por tanto, no deberían verla.

Tener un buen sistema de control parental es muy importante

Hoy en día, los niños se relacionan con la tecnología. Y deben hacerlo, no cabe duda, ya que es una herramienta excelente tanto para su presente como para su futuro. Sin embargo, dejarlos solos con acceso ilimitado a internet puede ser muy peligroso. Por eso, en este punto entran en juego los controles parentales.

El propio Netflix tiene un control parental para evitar que los niños puedan acceder a estos contenidos. El perfil Kids filtra solo por las series y películas recomendadas para ellos, pero además también se puede restringir el acceso a los perfiles de los adultos mediante un PIN. 

También existe un control parental en Google. Se activa desde la Play Store – Familia – Control parental. 

Y, por último, también es recomendable establecer contraseñas en todos los dispositivos del hogar, para evitar que los niños se puedan conectar en algún momento de descuido.

Conectados, pero acompañados

Es un recurso fácil: dejar al niño frente al televisor o con un teléfono móvil entre las manos, para que mientras los adultos puedan trabajar, hacer las tareas de la casa, estudiar… Sin embargo, el tiempo de uso de las pantallas de los niños debe ser siempre bajo supervisión.

Consumir tecnología acompañados de un adulto no solo les ayudará a entender mejor cómo relacionarse con ella. También evitará que puedan ver ciertos contenidos que no son para su edad.

Los dormitorios son para descansar, no para tener pantallas

Pero los controles parentales pueden no ser perfectos. Por eso, hay que limitar el tiempo que pasan expuestos a las pantallas y también el lugar. Los expertos recomiendan no tener pantallas en el dormitorio, y esto incluye televisor, ordenadores portátiles, tablets, smartphones, videoconsolas… Esta medida es buena para su salud, al favorecer la calidad del sueño y, por ende, el rendimiento escolar.

Dar un buen ejemplo es la clave

Por último, no hay que olvidar que los niños aprenden por imitación. Por eso, si ven a sus padres todo el día conectados al teléfono móvil, van a querer hacerlo también. Lo mismo sucede si en la televisión se ven series como ‘El juego del calamar’ en presencia de los menores. Querrán disfrutar de ella como sus progenitores.

Es importante, asimismo, charlar con ellos de vez en cuando y explicarles qué deben y qué no deben hacer. Lo que hay detrás de la pantalla puede ser peligroso. No consiste en educar desde el miedo, pero sí en hacerlo con responsabilidad.

Por Noelia Hontoria

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