Disponer de una estrategia en ciberseguridad basada en la anticipación, la resiliencia y la colaboración serán esenciales en 2026 para garantizar un futuro digital seguro. Las amenazas son cada vez más complejas y se combinan con tecnologías emergentes y tensiones globales.
Durante el último año, los análisis han revelado transformaciones profundas en el ecosistema de amenazas que ponen de manifiesto que la protección de las empresas y administraciones no es opcional; es crítica para la estabilidad económica y la resiliencia nacional.
El cibercrimen, motivado principalmente por beneficios económicos, ha incrementado el uso de tácticas como la extorsión, las estafas y la explotación de vulnerabilidades. Además, estos ataques se han vuelto más organizados y eficientes y crece el número de incidentes registrados, que afectan especialmente a pymes, aunque las grandes empresas y las administraciones públicas tampoco están exentas de riesgo.
Por otro lado, el hacktivismo ha dejado de ser puramente ideológico para alinearse con agendas geopolíticas. En 2025, el 96 % de los ataques de un conocido grupo ruso se dirigieron a Europa.
Debido a todo esto, la ciberseguridad se ha convertido en un componente esencial de la sociedad. Y no basta con incorporar soluciones tecnológicas integrales; se necesitan equipos humanos especializados y procesos robustos capaces de garantizar la continuidad y la confianza en los entornos digitales.
En este contexto, dos nuevas tecnologías están transformando el panorama:
- Inteligencia Artificial. Su uso malicioso para la automatización de ataques, la generación de deepfakes o la explotación de vulnerabilidades amplía la superficie de riesgo. Aunque también avanza la IA defensiva, su fiabilidad y seguridad deben ser auditables y transparentes.
- Computación cuántica. Si bien promete reforzar la criptografía, también podría invalidar los sistemas actuales y obligar a adoptar nuevos algoritmos.
La colaboración entre empresas, gobiernos y proveedores de ciberseguridad será clave. Por su parte, las organizaciones deben apostar por soluciones fiables y adaptadas al contexto local y global para garantizar entornos digitales seguros y sostenibles.
2026 se presenta como un año en el que la ciberseguridad será decisiva y las organizaciones deberán centrarse en tres pilares: anticipación, para adelantarse a los riesgos; resiliencia, para recuperarse rápidamente ante incidentes; y colaboración, para trabajar junto a socios y autoridades.
Las empresas que prioricen la protección integral y la confianza digital estarán mejor preparadas para garantizar la continuidad y seguridad en un entorno cada vez más incierto.
Gonzalo Temes, responsable de Soluciones Tech en MasOrange
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