¿Y si la transición ecológica fuese también una transición digital?

Innovación

Un clic en Google son 12 gramos de CO2. La huella de carbono de la tecnología está a menudo sobre la mesa. ¿Cómo puede la digitalización impulsar la transición ecológica?

La Unión Europea ha convertido ambas transiciones en los dos pilares principales para la recuperación de la crisis de la COVID-19. En España, la transición hacia una economía baja en emisiones de gases de efecto invernadero y hacia una sociedad digital acaparará buena parte de los fondos de recuperación de la pandemia. Y la estrategia se repite en otros países de nuestro entorno. En Francia, por ejemplo, el Gobierno está desplegando un plan para ligar ambas transiciones.

¿Cómo puede exactamente una sociedad más digital ser una sociedad con menos emisiones de CO2? La respuesta está en los datos y los sensores, internet de las cosas y, también, el teletrabajo.

Ciudades construidas sobre datos

Las ciudades concentran a más de la mitad de la población mundial y la urbanización del mundo no se detendrá en las próximas décadas. Además, aunque ocupan menos de un 3% de la superficie terrestre, consumen más de dos tercios de la energía y son responsables de más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Reducir la huella de carbono de las ciudades es reducir la huella de carbono del mundo.

Proyectos como SmartEnCity, financiado por la Unión Europea, buscan superar el concepto de ciudad inteligente y avanzar hacia las Smart Zero Carbon City. Es decir, busca el desarrollo de entornos urbanos eficientes, donde no se producen apenas emisiones de CO2, la demanda energética se mantiene al mínimo y la producción eléctrica es limpia y renovable. Toda la gestión de los recursos se hace de forma inteligente gracias a sistemas completamente digitales y tecnologías de análisis de datos.

El proyecto, que está a punto de concluir, se ha centrado en tres ciudades: Tartu, en Estonia; Sonderborg, en Dinamarca, y Vitoria-Gasteiz, en España. Los proyectos piloto se han materializado en diferentes actuaciones que han ido desde la rehabilitación energética de los edificios hasta la instalación de iluminación pública inteligente y la implementación de redes para optimizar el transporte de última milla.

Edificios que apenas consumen

Buena parte del consumo energético de las ciudades se produce en los hogares. En España, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDEA), las viviendas consumen cerca del 20% de la demanda total de energía del país. Buena parte de este consumo se va en calefacción y agua caliente sanitaria; y en viviendas unifamiliares es alrededor del doble que en apartamentos.

Más allá de las necesarias mejoras en el aislamiento y en la eficiencia de los electrodomésticos y los sistemas de calor, los edificios inteligentes y automatizados son una herramienta para reducir todavía más la huella de carbono de los hogares. De acuerdo con los cálculos de HSBC, un edificio inteligente puede reducir la demanda energética en un 25% con respecto a los edificios tradicionales.

Las soluciones digitales para reducir la huella de carbono de los edificios van desde sistemas de control de iluminación y aire acondicionado (luces que se apagan cuando no hay nadie en la habitación) hasta la integración de fuentes propias de generación de energías renovables. Además, contar con edificios más digitales y conectados significa también contar con más datos, información que puede ayudarnos a entender mejor el consumo de cada espacio y diseñar herramientas para optimizarlo.

El teletrabajo, un nuevo aliado

No todas las soluciones que plantean las tecnologías digitales tienen que ser basadas en internet de las cosas (IoT) y big data. Algunas son más mundanas. Durante el último año y medio ha quedado claro cómo el aumento del teletrabajo puede contribuir a reducir la contaminación del tráfico, mejorar la calidad del aire y cambiar la cara a nuestras ciudades.

Los datos recabados durante el primer confinamiento deben ser puestos en perspectiva, ya que el frenazo económico fue considerable en muchos frentes. Aun así, según un informe de Greenpeace, durante el confinamiento más estricto, las emisiones de CO2 en España bajaron un 32%, sobre todo, por la reducción del transporte. Además, concluye el estudio, añadir un día más de trabajo desde casa a la semana podría ahorrar 406 toneladas de CO2 diarias en Madrid y 612 toneladas en Barcelona.

El teletrabajo es una opción que no estaría sobre la mesa de no ser por las mejoras en las telecomunicaciones y las tecnologías digitales de los últimos años. Las conexiones de fibra óptica (FTTH) de alta velocidad, las redes móviles de última generación con el despliegue cada vez más avanzado del 5G, el desarrollo de las herramientas colaborativas y los diferentes servicios en la nube y los dispositivos que permiten trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar son la columna vertebral de la transición digital y, también, de la energética.

Por Juan F. Samaniego

Imágenes | Unsplash/Hugh Han, hang niu, Domenico Loia

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