El mapa 3D de todos los cables submarinos en el mundo

Innovación

Hay aproximadamente 448 cables activos que se encuentran actualmente en el fondo del mar, incluso a una profundidad de más de 8000 metros. Conforman una red de casi 1 300 000 km. Los cables submarinos son finos, de unos ocho centímetros de diámetro, y están llenos de filamentos del ancho de un cabello humano. Pueden ser cortos, como el que discurre entre Irlanda y Reino Unido. O muy largos, como los que conectan Asia con Estados Unidos, de más de 16 000 km.

El científico de datos Tyler Morgan-Wall, utilizando GeoJSON, un formato de código abierto para visualizar características geográficas, y aprovechando los datos del Submarine Cable Map, ha publicado un mapa 3D con todos los cables submarinos del mundo. La imagen resultante es bastante impresionante y nos da una idea de hasta qué punto las infraestructuras submarinas son las venas del mundo digital.

De hecho, a menudo tendemos a creer que la moderna sociedad de la comunicación se basa en sistemas sustancialmente inmateriales. Nada podría estar más lejos de la realidad: la digitalización y todas las revoluciones tecnológicas se basan en una serie de infraestructuras físicas cada vez más complejas. Cuya protección y control representan desafíos de primera magnitud para gobiernos y empresas.

La mayoría de las comunicaciones se realiza por cable dada la estabilidad y velocidad que ofrecen. Los cables submarinos de fibra óptica son mucho más efectivos y utilizados que los medios satelitales, debido a su coste moderado y la relativa facilidad con que se pueden reparar. El impresionante entramado que actualmente constituyen se ha construido a lo largo de décadas, principalmente como resultado de iniciativas de empresas privadas. Muchas son de Estados Unidos, pero también compañías europeas como Orange protagonizan el desarrollo de la red, como en el caso del proyecto Orange Marine.

Cómo se depositan los cables submarinos

Antaño, los cables submarinos estaban compuestos por hilos de cobre, mientras que, a partir de 1980, la mayoría de los cables tendidos son de fibra óptica. Llevan todo tipo de información, desde mensajes de WhatsApp hasta datos sensibles para los gobiernos. En cuanto a su localización en los mares, en principio se encuentran principalmente colgando en las profundidades del océano, incluso por debajo de los 1500 metros. De lo contrario, quedan enterrados bajo el lecho marino y se conectan a tierra por zonas suaves y poco profundas.

Para colocarlos hacen falta buques especiales, que en parte ya se utilizaban para las líneas telegráficas. De hecho, el primer cable transatlántico fue tendido en el fondo del océano por barcos de este tipo en los años entre 1857 y 1858 para conectar Europa con América del Norte. A lo largo de los años los cables submarinos se han ido adaptando a las necesidades específicas para el funcionamiento de internet. Y ahora existen flotas muy tecnológicas como la de Orange para su colocación.

Estos barcos están equipados con diferentes tanques de recolección, utilizados para el almacenamiento de cables, y con diferentes máquinas de tendidos. También albergan equipos para verificar el funcionamiento durante la instalación. Mientras que los barcos utilizados para reparar los cables submarinos pertenecen a otra categoría. Para ello se emplean unos drones submarinos llamados ROV.

Para comprender la importancia de los cables submarinos, basta con decir que, según el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, el 97 % del tráfico de internet del mundo viaja a través de ellos. El papel estratégico de los cables los expone a diversos riesgos, lo que los convierte en un objetivo crítico. Ya se produjeron intentos de manipulación y sabotaje. De hecho, los cables submarinos pueden ser alcanzados por buzos, como sucedió en 2013 frente a las costas de Alejandría (Egipto). Pero sobre todo por submarinos.

Un problema de seguridad

La vulnerabilidad de los cables submarinos se ve acentuada precisamente por el hecho de que el mapa es accesible públicamente. En este sentido, las palabras difundidas hace unos años por el mariscal de la Fuerza Aérea del Reino Unido, Sir Stuart Peach, aclaran el peligro: «Existe un nuevo riesgo para nuestra forma de vida, que es la vulnerabilidad de los cables que cruzan el lecho marino. Es fácil imaginar un escenario en el que estos cables se corten o interrumpan. Lo que de inmediato y potencialmente tendría consecuencias catastróficas en nuestra economía y forma de vida”.

Las marinas militares estadounidense y rusa cuentan con submarinos capaces de realizar acciones de espionaje y sabotaje en cables submarinos. Hay sumergibles de propulsión nuclear que navegan a grandes profundidades, capaces a su vez de transportar minisubmarinos que operan de forma remota, y así soltarlos cerca de cables.

La flota submarina de Rusia, por ejemplo, está interesada en los cables que unen Europa con América del Norte a través del Océano Atlántico. Esto es considerado una amenaza potencial por la OTAN. De hecho, el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, dijo el año pasado que «la actividad submarina rusa ha vuelto a los niveles de la Guerra Fría”.

El mapa de los cables submarinos sigue en gran medida el flujo de las transacciones económicas. Y su densidad es mayor en los espacios donde se concentra la mayor parte de la producción y el comercio. En un escenario no muy lejano, negar a un Estado el acceso a internet o violar sus datos podría ser un pretexto para que estalle un conflicto. Y hay incluso quienes creen que en un hipotético enfrentamiento entre Estados, el primer golpe lo sufrirían los cables submarinos. Así que más vale protegerlos.

Por Alberto Barbieri

Imágenes | YUCAR FotoGrafik/Unsplash https://unsplash.com/photos/cfR-V1QuEKw, Ryutaro Uozumi/Unsplash https://unsplash.com/photos/9vQG6v1md1s 

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